Laura Bates advierte de que la IA reinventa la misoginia en nuevo libro
La tecnología de inteligencia artificial está facilitando el acceso a nuevas formas de abuso contra mujeres y niñas. La autora feminista Laura Bates explora en su última obra cómo los ‘sexbots’, asistentes virtuales y ‘deepfakes’ intensifican la opresión machista. El libro se publica hoy, 9 de septiembre de 2025.
La nueva frontera del abuso
Laura Bates, autora y fundadora de ‘The Everyday Sexism Project’, argumenta en «The New Age of Sexism: How AI and Emerging Technologies Are Reinventing Misogyny» que la IA está dando nueva vida a formas históricas de misoginia, proporcionando a los abusadores medios innovadores para amenazar, acosar y ejercer control. Bates señala que, aunque la violencia de género sigue siendo perpetrada principalmente por personas cercanas a la víctima, la IA está «ampliando la red de abusadores y víctimas potenciales» al hacer estas herramientas accesibles de forma rápida, fácil y barata.
Impacto en los más jóvenes
La autora alerta de casos registrados en Reino Unido, Australia y Estados Unidos donde niños de 10 u 11 años utilizan estas herramientas para crear imágenes pornográficas abusivas y muy realistas de sus compañeras de clase. Esto demuestra cómo la tecnología está reduciendo rápidamente la barrera de acceso a esta forma particular de abuso.
Asistentes y compañeros virtuales: ¿una puerta a la misoginia?
Bates aborda cómo la feminización de asistentes virtuales como Siri y Alexa impacta en la percepción social, asociando tareas secretariales y administrativas con lo femenino. Además, critica duramente las aplicaciones de ‘AI girlfriends’ o novias virtuales, argumentando que estas herramientas «venden misoginia pura y dura» bajo una fachada filantrópica. Según su investigación, chicos adolescentes personalizan estos avatares para que sean «eternamente disponibles, utterly sumisos» y dispuestos a participar en encuentros sexuales violentos sin discusión ni consentimiento.
Un patrón que se repite
La autora identifica un patrón histórico donde los nuevos desarrollos tecnológicos acaban degenerando rápidamente en misoginia, tal como ocurrió anteriormente con internet, las redes sociales y la pornografía online. Bates sostiene que la tecnología no es inherentemente buena o mala, sino que «está codificada con el sesgo de sus creadores», reflejando y amplificando las formas de misoginia existentes en la sociedad.
Consecuencias más allá del abuso directo
El libro también explora el impacto ambiental de la IA, que afecta primero y con mayor dureza a las mujeres. Bates destaca que una sola búsqueda en ChatGPT utiliza 10 veces más energía que una búsqueda promedio en Google, y conecta esta enorme huerta ambiental con la explotación en la cadena de suministro de materiales físicos necesarios para estas herramientas, donde las mujeres suelen ser mano de obra explotada y acosada sexualmente.
Regulación: la carrera contrarreloj
Bates concluye que la regulación global urgente es la solución más importante, pero alerta de un panorama preocupante. Menciona que la administración Trump está presionando en contra de la implementación de salvaguardias, animando a otros gobiernos a seguir su ejemplo, y que tanto Estados Unidos como Reino Unido se negaron a firmar un acuerdo por una IA segura y justa en la cumbre de París. La autora defiende que las grandes tecnológicas tienen la capacidad y financiación para hacer sus plataformas seguras, pero eligen no hacerlo en pos de beneficios astronómicos.