Trump cuestiona datos económicos oficiales tras despedir a economista
El presidente estadounidense acusó de «amañados» los informes laborales. El despido de la comisionada de la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS) y las críticas republicanas generan dudas sobre la credibilidad de los datos oficiales. China ejemplifica los riesgos de manipular cifras económicas.
«Cuando los números se convierten en armas políticas»
Trump destituyó a Erika McEntarfer, comisionada del BLS, tras la publicación de un informe laboral que revelaba un impacto negativo de sus políticas económicas. Sin pruebas, acusó al organismo de emitir «informes falsos», mientras legisladores republicanos secundaron las críticas. Expertos advierten que este episodio erosiona la confianza pública en las instituciones.
El espejo chino
China ha enfrentado históricamente acusaciones de inflar sus cifras de crecimiento, especialmente a nivel provincial. En 2007, el entonces premier Li Keqiang admitió que usaba indicadores alternativos (como consumo eléctrico) para evaluar la economía real. Aunque la transparencia mejoró, analistas sospechan que Beijing aún maquilla datos para proyectar una imagen favorable.
Datos bajo presión
En China, economistas que cuestionan cifras oficiales enfrentan represalias. En 2024, un analista de una firma estatal sugirió que el crecimiento real era inferior al 5% reportado, lo que provocó la ira de Xi Jinping. Además, algunas estadísticas clave han dejado de publicarse o se difunden con retraso sin explicación.
Entre la desconfianza y la complejidad
Expertos como Nicholas R. Lardy (Peterson Institute) reconocen avances en la calidad de los datos chinos, pero destacan que su interpretación exige contexto político. Por ejemplo, durante los confinamientos por Covid-19, el desempleo apenas varió porque Beijing subsidió a empresas para retener empleados, no a trabajadores directamente.
Lecciones de un gigante opaco
China demostró que vincular el desempeño económico al ascenso político incentivó la manipulación estadística. Aunque redujo esa práctica al priorizar otros indicadores (como innovación o reducción de brechas urbanas), persiste la tentación de alterar cifras para mantener la estabilidad social y la imagen internacional.
Un debate que trasciende fronteras
El caso del BLS y las tensiones en China subrayan que la credibilidad de los datos depende de independencia técnica y voluntad política. Cuando los ciudadanos dudan de las estadísticas oficiales, surgen narrativas paralelas que dificultan la toma de decisiones informadas, tanto en economías autoritarias como en democracias.