La campaña de Mamdani usó comunidades de fans para ganar la alcaldía de Nueva York
La estrategia digital de Zohran Mamdani se basó en conectar con fandoms existentes, como el del programa ‘Survivor’, en lugar de depender solo de influencers. Este enfoque marcó un cambio en la comunicación política actual.
De los influencers a las comunidades de fans
La pandemia forzó a las campañas a moverse en línea, lo que llevó a muchas, como la de Joe Biden, a colaborar con creadores de contenido para llegar a audiencias. Sin embargo, la lealtad de estos influencers puede ser volátil, como se vio con algunos que apoyaron a Donald Trump.
La estrategia de Mamdani: engagement orgánico
El equipo de Mamdani, liderado por el estratega Eric Stern, no trató a los creadores como altavoces alquilados. En su lugar, buscó a personas cuyos valores ya estuvieran alineados con los del candidato, lo que resultó en colaboraciones percibidas como una extensión natural de sus comunidades.
El contraste con la campaña de Cuomo
Mientras Mamdani se integraba en comunidades, la campaña de Andrew Cuomo intentó forzar su entrada en internet con memes generados por IA y consultores especializados. Este contenido no resonó de la misma manera que el de su oponente.
El poder organizativo del fandom
Según el profesor Kurt Braddock, al dirigirse a comunidades específicas, los mensajes de una campaña pueden ser asimilados y reinterpretados por los propios miembros del grupo, generando un poder narrativo orgánico.
El precedente: MAGA y la cultura fan
El movimiento MAGA de Donald Trump ya demostró el poder de fusionar política y fandom. Sus seguidores crearon mercancía, lore elaborado y absorbieron estéticas de otras comunidades, como el mundo del videojuego. Un ejemplo reciente fue la interacción de la Casa Blanca y el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) con el anuncio de GameStop sobre el fin de las «guerras de consola», comparando a los inmigrantes con «The Flood» de Halo.
Un cambio de paradigma en la comunicación política
El éxito de Mamdani sugiere un cambio: el poder político no reside solo en el alcance de un influencer, sino en la capacidad de traducir un mensaje al lenguaje y la lógica interna de una comunidad de fans. Esto redefine el papel de los creadores de contenido, que pasan de ser meros distribuidores a colaboradores en la formación del mensaje.